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jueves, 27 de octubre de 2022

Sirenas O Ballenas


Hace algún tiempo se vio por las calles de la ciudad de Sao Paulo un cartel de la empresa Runner, una de las cadenas de gimnasios más grandes del Brasil, haciendo publicidad con la foto de una mujer muy hermosa alzando pesas con la siguiente frase:

«Este verano qué prefieres ser: ¿sirena o ballena?».

La historia dice que una joven mujer de esa ciudad le envió el siguiente mensaje a la cadena de gimnasios en respuesta a su frase publicitaria: 


Estimados señores:

A propósito de su publicidad en la calle, animándonos a ser sirenas en vez de ballenas, quisiera hacerles los siguientes comentarios: Las ballenas están siempre rodeadas de amigos: tienen una vida sexual activa, se embarazan y tienen ballenitas muy tiernas. Las ballenas amamantan, hacen vida social con los delfines y se lo pasan comiendo cebiche de camarones.

También se divierten jugando en el agua y nadando por ahí, surcando los mares, conociendo lugares maravillosos como las aguas cálidas del Atlántico, los hielos de la Antártica y los arrecifes de coral de la Polinesia. Las ballenas modulan muy bien y tienen grabados muchos discos con sus cantos y murmullos. Como las ballenas son enormes, casi no tienen depredadores naturales. En cambio, las sirenas NO EXISTEN. Si existieran, vivirían en permanente crisis existencial: «¿Soy un pez o soy un ser humano?». Yo agregaría algo peor: no tendrían por donde hacer el amor. ¡Válgame Dios!

Las sirenas son hermosas, sí, pero aparecen siempre tristes y solitarias, llamando gente a que las acompañe, en especial, a los marinos que pasan cerca de ellas. Pero ¿quién quiere acercarse a una criatura que huele a pescado crudo?

Runner querido, prefiero ser ballena.

martes, 18 de octubre de 2022

Buscando Un Marido Rico


Una mujer escribió a la sección de asesoría financiera de una revista especializada pidiendo consejos sobre cómo conseguir un marido rico. —Soy una chica linda, maravillosamente linda de veinticinco años. Estoy bien formada, tengo buen cuerpo y además tengo clase. Quiero casarme con alguien que gane como mínimo US$100,000  dólares al año. Estuve de novia con hombres que ganan más de 30 mil dólares, pero yo quiero pasar de eso, pues esta suma no me permitirá vivir en el mejor barrio y tener los lujos que merezco. A mi clase de yoga va una mujer que no es tan bonita como yo, ni es inteligente, pero se casó con un banquero y vive en Miami. ¿Qué es lo que ella hizo y yo no he hecho? ¿Cómo puedo llegar al nivel de ella? ¡Por favor, necesito sus consejos!

Atte: H. S.


Esa petición ya es graciosa, pero lo mejor de la historia es que el asesor de la sección respectiva le dio una respuesta seria y bien fundamentada, en lenguaje económico. —Leí su consulta con gran interés, pensé cuidadosamente en su caso e hice un análisis financiero de su situación. En primer lugar, yo me ofrezco como candidato y no estoy haciéndole perder tiempo, pues gano más de 100 mil dólares por año.

Aclarado esto, considero los hechos de la siguiente forma: lo que usted ofrece, desde la perspectiva de un hombre como el que busca, es simplemente un pésimo negocio. Voy a decirle por qué: dejando los rodeos a un lado, lo que usted propone es un simple negocio en el que usted pone la belleza física y yo pongo el dinero. La propuesta es así de clara, sin ninguna duda.

No obstante, existe un problema: con toda seguridad, su belleza va a decaer y un día, va a terminar, pero lo más probable es que mi dinero continúe creciendo. Así, en términos financieros, usted es un activo que sufre depreciación acelerada y yo soy un activo que rinde dividendos y crece. Usted no solo sufre desvalorización sino que, como esta es progresiva, ¡aumenta siempre! Le aclaro más: usted tiene hoy veinticinco años y va a continuar siendo linda durante los próximos quince años, pero siempre un poco menos cada año, y de repente, si se compara en el futuro con una foto de hoy, verá que ya estará envejecida.

En términos bursátiles esto quiere decir que usted, como las acciones de la bolsa, está hoy en «baja», es decir, una época ideal para ser vendida, no para ser comprada. Usando el lenguaje que se utiliza en Wall Street, su acción de encuentra en trading position (posición para comercializar), y no en buy and hold (comprar y retener), que es para lo que usted se está ofreciendo. Por lo tanto, todavía en términos comerciales, el matrimonio (que es un buy and hold) no es un buen negocio con usted, ni a mediano, ni a largo plazo; pero en cambio alquilarla por un tiempo (leasing), puede ser un negocio muy razonable que podemos discutir y ensayar.

Yo pienso que, si me presenta un certificado de cuán bien formada, con clase y maravillosamente linda es, yo probablemente sea un futuro arrendatario (leasing) de ese «activo». En tal sentido le propongo que hagamos lo que, para estos casos, es una práctica habitual: hagamos una prueba, o sea un test drive, para validar el interés mutuo de concretar una operación a largo plazo. Pero le ofrezco, además, como garantía, que, si no es exitoso nuestro test de prueba, puedo conseguirle otros candidatos interesados. ¿Cuándo le doy cita en mi agenda?

Atentamente, R. S.

domingo, 21 de agosto de 2022

La humildad de un santo

Érase una vez un hombre tan piadoso que hasta los ángeles se alegraban viéndolo. Pero, a pesar de su enorme santidad, no tenía ni idea de que era un santo. Él se limitaba a cumplir sus humildes obligaciones, difundiendo en torno suyo la bondad de la misma manera que las flores difunden su fragancia, o las lámparas su luz. Su santidad consistía en que no tenía en cuenta el pasado de los demás, sino que tomaba a todo el mundo tal como era en ese momento, fijándose, por encima de la apariencia de cada persona, en lo más profundo de su ser, todos eran inocentes y honrados. Por eso amaba y perdonaba a todo el mundo, y no pensaba que hubiera nada extraordinario en ello, porque era la consecuencia lógica de su manera de pensar.

Un día le dijo un ángel: Dios me ha enviado a ti. Pide lo que desees, y te será concedido. ¿Deseas, tal vez, tener el dónde curar?” No, respondió el hombre, preferiría que fuera el propio Dios quien lo hiciera. ¿Quizá te gustaría devolver a los pecadores al camino recto?” No, respondió el hombre, no es para mí eso de conmover corazones humanos. Eso es propio de los ángeles ¿Preferirías ser un modelo tal de virtud que suscitaras en la gente el deseo de imitarte? No, dijo el santo, porque eso me convertiría en el centro de atención. Entonces, ¿qué es lo que deseas?, preguntó el ángel. La gracia de Dios, respondió él. Teniendo eso, no deseo tener nada más. No, le dijo el ángel, tienes que pedir algún milagro; de lo contrario, se te concederá cualquiera de ellos, no sé cuál. Está bien; si es así, pediré lo siguiente: deseo que se realice el bien a través de mí, sin que yo me dé cuenta. De modo que se decretó que la sombra de aquel santo varón, con tal de que quedara detrás de él, estuviera dotada de propiedades curativas. Y así, cayera donde cayera su sombra y siempre que fuese a su espalda, los enfermos quedaban curados, el suelo se hacía fértil, las fuentes nacían a la vida, y recobraban la alegría los rostros de los agobiados por el peso de la existencia. Pero el santo no se enteraba de ello, porque la atención de la gente se centraba de tal modo en su sombra que se olvidaban de él; y de este modo se cumplió con creces su deseo de que se realizara el bien a través de él y se olvidaran de su persona.

sábado, 13 de agosto de 2022

Una Broma Del Maestro

Había en un pueblo de la India, un hombre de gran santidad. A los aldeanos les parecía una persona notable, pero a la vez muy extravagante. La verdad es que ese hombre les llamaba la atención al mismo tiempo que los confundía. El caso es que le pidieron que les predicase. El hombre, que siempre estaba en disponibilidad para los demás, no dudó en aceptar. El día señalado para la prédica, no obstante, tuvo la intuición de que la actitud de los asistentes no era sincera y de que debían recibir una lección.

Llegó el momento de la charla y todos los aldeanos se dispusieron a escuchar al hombre santo confiados en pasar un buen rato a su costa. El maestro se presentó ante ellos. Tras una breve pausa de silencio, preguntó:

–Amigos, ¿saben de qué voy a hablarles hoy? –No –contestaron. –En ese caso –dijo, –no voy a decirles nada. Son tan ignorantes que de nada podría hablarles que mereciera la pena. En tanto no sepan de qué voy a hablarles, no les dirigiré la palabra.

Los asistentes, desorientados, se fueron a sus casas. Se reunieron al día siguiente y decidieron reclamar nuevamente las palabras del santo. El hombre no dudó en acudir hasta ellos y les preguntó:

–¿Saben de qué voy a hablarles hoy? –Sí, lo sabemos –repusieron los aldeanos. –Siendo así –dijo el santo, – no tengo nada que decirles, porque ya lo saben. Que paséis una buena noche, amigos.

Los aldeanos se sintieron burlados y experimentaron mucha indignación. No se dieron por vencidos, desde luego, y convocaron de nuevo al hombre santo. El santo miró a los asistentes en silencio y calma. Después, preguntó:

–¿Saben, amigos, de qué voy a hablares hoy? –No queriendo dejarse atrapar de nuevo, los aldeanos ya habían convenido la respuesta: –Algunos lo sabemos y otros no. Y el hombre santo dijo: –En tal caso, que los que saben transmitan su conocimiento a los que no saben. Dicho esto, el hombre santo se marchó de nuevo al bosque.

Moraleja

Sin aspereza, pero con firmeza, el ser humano debe hacerse respetar a sí mismo primero para luego por respetar a los demás.

martes, 9 de agosto de 2022

Pureza De Corazón

Esa es la historia de dos ermitaños que vivían cada uno de ellos en una isla diferente. El ermitaño joven se había hecho muy célebre y gozaba de gran reputación en el pueblo, mientras que el anciano era un ermitaño desconocido. Un día, el anciano tomó una balsa y se desplazó hasta la isla del afamado ermitaño. Le rindió honores y le pidió instrucción espiritual. El joven le entregó un mantra y le facilitó las instrucciones necesarias para la repetición exitosa del mismo. Agradecido, el anciano volvió a tomar la balsa para retornar a su isla, mientras su compañero de búsqueda se sentía muy orgulloso por haber sido reclamado espiritualmente. El anciano a su vez, se sentía muy feliz con el mantra.

El anciano era una persona sencilla y de corazón puro. Toda su vida no había hecho otra cosa que ser un hombre de buenos sentimientos y ahora, ya en su ancianidad, quería hacer práctica de lo aprendido.

Estaba el joven ermitaño leyendo las escrituras, cuando, a las pocas horas de marcharse, el anciano regresó. Estaba compungido, y dijo:

–Venerable asceta, resulta que he olvidado las palabras exactas del mantra. Siento ser un pobre ignorante. ¿Puedes indicármelo otra vez?

El joven miró al anciano con condescendencia y le repitió el mantra. Lleno de orgullo, se dijo interiormente: “Poco podrá este pobre hombre avanzar por la senda hacia la Realidad si ni siquiera es capaz de retener un mantra”. Pero su sorpresa fue extraordinaria cuando de repente vio que el anciano partía hacia su isla recitando el mantra y caminando sobre las aguas.

Moraleja

El que en carne propia vive lo aprendido, goza de una pureza de corazón. ¿Qué no puede obtenerse con un corazón limpio?

La Carreta Vacía


Cierta mañana, mi padre me invitó a dar un paseo por el bosque y yo acepté con placer. Se detuvo en una curva y después de un pequeño silencio me preguntó:Además del cantar de los pájaros, ¿escuchas algo más? Agudicé mis oídos y algunos segundos después le respondí:Estoy escuchando el ruido de una carreta.Eso es, dijo mi padre. Es una carreta vacía.¿Cómo sabes que está vacía, si aún no lavemos? le pregunté. Y él respondió: Es muy fácil saber que una carreta está vacía, por causa del ruido.
Cuanto menos cargada está una carreta, mayor es el ruido que hace. Me convertí en adulto y aún hoy, cuando veo a una persona hablando demasiado, a una persona inoportuna, que interrumpe la conversación de todo el mundo, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo: Cuanto menos cargada está una carreta, mayor es el ruido que hace. 

sábado, 6 de agosto de 2022

Sé Como Un Muerto

Este era un venerable maestro, que en sus ojos había un reconfortante destello de paz permanente. Sólo tenía un discípulo, al que paulatinamente iba impartiendo las enseñanzas de los sabios. El cielo se había teñido de una hermosa tonalidad de naranja-oro, cuando el maestro se dirigió al discípulo y le ordenó:

Querido mío, mi muy querido alumno, acércate al cementerio y, una vez allí, con toda la fuerza de tus pulmones, comienza a gritar toda clase de halagos a los muertos. El discípulo caminó hasta un cementerio cercano. El silencio era sobrecogedor. Quebró la apacible atmósfera del lugar gritando toda clase de elogios a los muertos. Después regresó junto a su maestro.

¿Qué te respondieron los muertos?, preguntó el maestro. Nada dijeron. En ese caso, mi muy querido amigo, vuelve al cementerio y lanza toda suerte de insultos a los muertos. El discípulo regresó hasta el silente cementerio. A pleno pulmón, comenzó a soltar toda clase de ofensas contra los muertos. Después de unos minutos, volvió junto al maestro, que le preguntó al instante:

¿Qué te han respondido los muertos? De nuevo nada dijeron repuso el discípulo. Y el maestro concluyó: Así debes ser tú: indiferente, como un muerto, a los halagos de unos y a los insultos de los otros.

Moraleja

Quien hoy te halaga, mañana te puede ofender y quien hoy te ofende, mañana te puede halagar. No seas como una hoja a merced del viento de los halagos e insultos. Permanece en ti mismo más allá de unos y de otros.

El Juicio

Cuenta una antigua leyenda que en la Edad Media un hombre muy virtuoso fue injustamente acusado de asesinato. El culpable era una persona muy influyente del reino, y por eso desde el primer momento se procuró hallar un chivo expiatorio para encubrirlo. El hombre fue llevado a juicio y comprendió que tendría escasas oportunidades de escapar a la pena de muerte. El juez, aunque también estaba confabulado, se cuidó de mantener todas las apariencias de un juicio justo. Por eso le dijo al acusado: –Conociendo tu fama de hombre justo, voy a dejar tu suerte en manos de Dios: escribiré en dos papeles separados las palabras 'culpable' e 'inocente'. Tú escogerás, y será la Providencia la que decida tu destino. Por supuesto, el perverso funcionario había preparado dos papeles que decían lo mismo: “Culpable". La víctima, aun sin conocer los detalles, se dio cuenta de que el juicio era una trampa. Cuando el juez lo conminó a tomar uno de los papeles, el hombre respiró profundamente y permaneció en silencio unos segundos con los ojos cerrados. Cuando la sala comenzaba ya a impacientarse, abrió los ojos y, con una sonrisa, tomó uno de los papeles, selo metió a la boca y se lo comió rápidamente. Sorprendidos e indignados, los presentes le reprocharon: –Pero, ¿qué ha hecho? ¿Ahora cómo diablos vamos a saber el veredicto? Es muy sencillo, replicó el hombre. Es cuestión de leer el papel que queda, y sabremos los designios de Dios. Con refunfuñas y una bronca muy mal disimulada, debieron liberar al acusado, y jamás volvieron a molestarlo.

Moraleja

Por más difícil que se nos presente una situación, nunca dejemos de buscar la salida, ni de luchar hasta el último momento. En momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento. Albert Einstein Hay que ser inteligentes y atentos, mente veloz, anticipar.

jueves, 4 de agosto de 2022

La Niña y el Acróbata

Era una niña de ojos grandes como dos lunas, con la sonrisa suave del amanecer. Huérfana siempre desde que tenía memoria, se había asociado a un acróbata con el que recorría, de aquí para allá, los pueblos más hospitalarios de la India. Ambos se habían especializado en un número circense que consistía en que la niña trepaba por una larga soga que el hombre sostenía sobre sus hombros. La prueba no estaba ni mucho menos exenta de peligros. Por eso, el hombre le indicó a la niña:

Querida amiguita, para evitar que pueda ocurrirnos un accidente, lo mejor será que, mientras hacemos nuestro número, tú estés pendiente de lo que yo estoy haciendo y yo me ocupe de lo que tú estás haciendo. De ese modo no correremos peligro, pequeña.

Pero la niña, clavando sus ojos enormes y expresivos en los de su compañero, replicó: No, Babu, eso no es lo acertado. Yo me ocuparé de mí y tú te ocuparás de ti, y así, estando cada uno muy pendiente de lo que uno mismo hace, evitaremos cualquier accidente.

Moraleja

Concéntrate en ti y libra tus propias batallas en lugar de meterte en las de otros. Somos dos personas completas que juntas con sus individualidades, forman un todo.

sábado, 30 de julio de 2022

El Pintor Y Sus Cuadros

Hace muchos, muchos años, vivía en cierto país, un joven y famoso pintor. Una vez decidió crear un retrato realmente grandioso, un retrato de la bondad más pura, con un par de ojos que irradiasen paz eterna. Emprendió la búsqueda de una persona cuyo retrato reflejase la luz de la alegría. Recorrió pueblo tras pueblo y una jungla tras otra en busca de esa persona. Finalmente halló un pastor cuyos ojos brillaban, cuyo rostro y aspecto daban la vaga sensación de que provenía de una morada celestial. Bastaba echarle una mirada para convencerse de que Dios también se halla presente en el hombre. El artista pintó un retrato de este hombre. Millones de copias del retrato se vendieron por todas partes. La gente se sentía agradecida de poder colgar el retrato en sus paredes.

Luego de un intervalo de veinte años, cuando el artista había envejecido, pensó en hacer otra obra maestra. Había experimentado que la vida no es sólo bondad; también el mal mora en el hombre. La idea de pintar un cuadro de la maldad le perseguía, pues sólo tendría un hombre completo si tenía las dos pinturas, complementándose la una a la otra. Había realizado una pintura de la cualidad divina; ahora deseaba retratar a la encarnación del mal.

Deseaba hallar a un hombre que no fuese un hombre, sino un demonio. Recorrió guaridas de juego, bares y manicomios. El sujeto debía estar lleno de los fuegos del infierno; su rostro debía mostrar todo lo que es malo, feo y sádico. Debía ser un símbolo del pecado... Después de prolongada búsqueda, el artista encontró a un prisionero en una cárcel. El hombre había cometido siete asesinatos, y por eso se le había sentenciado a ser colgado en pocos días. El infierno era obvio en sus ojos: irradiaban odio. Su rostro era el más desagradable que pudieras encontrar.

El artista comenzó a retratarlo. Al terminar, trajo su pintura anterior y colocó una pintura al lado de la otra, para apreciar el contraste. Desde el punto de vista artístico, era muy difícil decidir cuál era la mejor. Las dos eran maravillosas. Permaneció de pie, mirando los dos cuadros.

Y entonces oyó un sollozo. Volteó la cabeza y vio al prisionero, encadenado y llorando. El pintor se quedó perplejo. Preguntó: Amigo mío, ¿Por qué lloras? ¿En qué forma te perturban estas pinturas? El prisionero respondió: He intentado ocultar la verdad durante todos estos días, pero hoy me he visto vencido: Tú quizás no sabes que la primera pintura también es mi retrato. Ambos son retratos míos. Yo soy el mismo pastor que encontraste hace veinte años en las montañas. Lloro por mi caída de los últimos veinte años, del cielo al infierno.

 

Moraleja

La vida del hombre tiene dos lados opuestos, dos pinturas. En cada hombre están presentes tanto el bien como el mal. En cada hombre existen tanto la posibilidad del cielo como la del infierno. En el hombre puede crecer un ramo de hermosas rosas. También en el hombre puede acumularse un montón de barro.

martes, 19 de julio de 2022

Un Ermitaño En La Corte

En la corte real tuvo lugar un fastuoso banquete. Todo se había dispuesto de tal manera que cada persona se sentaba a la mesa de acuerdo con su rango. Todavía no había llegado el rey al banquete, cuando apareció un ermitaño muy pobremente vestido y al que todos tomaron por un pordiosero. Sin vacilar un instante, el ermitaño se sentó en el lugar del rey. Este insólito comportamiento indignó al primer ministro, quien, ásperamente, le preguntó:

¿Acaso eres un visir? Mi rango es superior al de visir, repuso el ermitaño.

¿Acaso eres un primer ministro? Mi rango es superior al de primer ministro.

Enfurecido, el primer ministro inquirió:

¿Acaso eres el mismo rey? Mi rango es superior al del rey.

¿Acaso eres Dios? preguntó mordazmente el primer ministroMi rango es superior al de Dios. Fuera de sí, el primer ministro vociferó:

¡Nada es superior a Dios!

Y el ermitaño dijo con mucha calma: Ahora si descubriste mi identidad. Esa nada soy yo.

Moraleja

Más allá de todas las categorías y dualidades, del ego y la soberbia, está aquel que ha liberado su mente.

Autentico conocimiento

En una ocasión unos discípulos eran sometidos a duras pruebas para poder ingresar a formar parte de un grupo místico de sabios, pusieron a ellos en 5 pozos llenas de serpientes venenosas, con el objetivo que pasaran la noche ahí, la primera jaula estaba vacía: llena de serpientes pero sin ningún discípulo, en la segunda jaula estaban las serpientes y el discípulo muerto, tirado en el piso, en la tercera jaula estaba el discípulo sentado, pero con todas las serpientes muertas, en la cuarta jaula el discípulo había ahuyentado a las serpientes con una hoguera y dormía a pierna suelta. Y en la quinta jaula el discípulo estaba en postura de meditación, todo sereno mientras las serpientes recorrían por todo su cuerpo, ¿Cuál es el candidato que ha triunfado en la prueba? Después de analizar las conclusiones, las serpientes no eran venenosas, las apariencias engañan, el sabio ganador fue el de la cuarta jaula.

En el primero caso, es evidente que el hombre huyó creyéndose en peligro. El segundo murió preso de su propio miedo. El tercero hizo un acto de valor matándolas, pero solo mató a animales indefensos. El quinto realizó un esfuerzo de concentración y control innecesarios en una situación que no lo requería. Solo el cuarto candidato tenía un conocimiento real, él sabía que aquellos animales no eran peligrosos, por eso se tumbó tranquilamente a dormir, aunque antes prefirió encender una hoguera para calentarse y sacer del pozo a las serpientes para estar más cómodo.

domingo, 10 de julio de 2022

Soy Tú

 


Este era un discípulo muy honesto. Moraba en su corazón el afán de perfeccionamiento y el deseo de aprender. Una noche, cuando los grillos quebraban el silencio de la tarde, acudió a la modesta casita de un sabio maestro y llamó a la puerta. ¿Quién es? preguntó el maestro. Soy yo, respetado maestro. He venido para que me proporciones instrucción espiritual. No estás lo suficientemente maduro replicó el maestro sin abrir la puerta. Retírate un año a una cueva y medita. Medita sin descanso. Luego, regresa y te daré instrucción.

Al principio, el discípulo se desanimó, porque pensó que iba a desperdiciar un año de su vida, pero como era un verdadero buscador, de esos que no ceden en su empeño hasta el final y buscan la verdad aunque su vida dependiera de ello. Así que obedeció al sabio. Buscó una cueva en la falda de la montaña y durante un año se sumió en meditación profunda. Aprendió a estar consigo mismo; se ejercitó en el arte del ser. Sobrevinieron las lluvias de la temporada. Por ellas supo el discípulo que había transcurrido un año desde que llegara a la cueva. Abandonó la misma y se puso en marcha hacia la casita del maestro. Llamó a la puerta. 

¿Quién es? preguntó el sabio. Soy tú repuso el discípulo. Si es así dijo el maestro, entra. No había lugar en esta casa para dos yoes.

Moraleja

Más allá de la mente y el pensamiento está el verdadero yo. Y en el yo, están todos los seres.

martes, 5 de julio de 2022

Luz de Luna

 


En una noche clara de un fin de semana cualquiera, un borracho iba caminando y tambaleándose por las calles hasta que llegó a un puente, se detuvo un momento cuando se encontró con un viejo amigo que iba pasando por allí. Se apoyaron en la barandilla y estuvieron charlando un rato sobre sus aventuras, pasado un tiempo, comenzaron a contemplar el río. –¿Qué es eso que hay allí abajo?, preguntó de pronto el borracho. –Es la luna”, le respondió su amigo. El borracho volvió a mirar, asintió incrédulo con la cabeza y dijo: –Sí, claro, pero ¿Cómo demonios han llegado ahí abajo la luna?

Moraleja

Como dicen los maestros orientales: “Cuando el Sabio señala la luna, el idiota no ve más que el dedo”. Las palabras no son un reflejo fiel de la realidad, solo son indicios que nos da la vida.

jueves, 30 de junio de 2022

Las Tres Rejas

 


El joven discípulo de un filósofo sabio llegó a casa de este y le dijo: Maestro, un amigo suyo estuvo hablando de usted con malevolencia.¡Espera!, lo interrumpió el filósofo. ¿Ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme? ¿Las tres rejas?Sí. La primera es la reja de la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?No; lo oí comentar a unos vecinos.Entonces al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Esto que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?No, en realidad no. Al contrario, es malísimo. ¡Vaya! La última reja es la necesidad. ¿Sirve para algo eso que tanto te inquieta?A decir verdad, no.Entonces, dijo el sabio sonriendo, sino es verdadero, ni bueno, ni necesario, no me lo digas, déjalo en el olvido.

Moraleja

Cuántos malos ratos podríamos evitar si sometiéramos a esas tres rejas todo lo que decimos. 

El Ermitaño Astuto

 


Este era un ermitaño de muy avanzada edad. Sus cabellos eran blancos como la espuma, y su rostro parecía surcado por las profundas arrugas de más de un siglo de vida. Pero su mente continuaba siendo ágil y despierta y su cuerpo flexible como una ramita de molle. Sometiéndose a toda suerte de disciplinas y enseñanzas, había obtenido un asombroso dominio sobre sus facultades físicas y sobre todo desarrollado poderosos poderes psíquicos. Pero, a pesar de ello, no había logrado conquistar su arrogante ego.

La muerte no perdona a nadie, y cierto día, el Señor de la Muerte, envió a uno de sus emisarios para que atrapase al ermitaño y lo condujese a su reino. El ermitaño, con su desarrollado poder clarividente, intuyó las intenciones del emisario de la muerte y, experto en el arte de la ilusión, proyectó treinta y nueve formas idénticas a la suya. Cuando llegó el emisario de la muerte, contempló, estupefacto, cuarenta cuerpos iguales y, siéndole imposible detectar el cuerpo verdadero, no pudo apresar al astuto sabio y llevárselo consigo. Fracasado el emisario regresó junto al dios del inframundo y le expuso lo acontecido.

El poderoso Señor de la Muerte, se quedó pensativo durante unos instantes, acercó sus labios al oído del emisario y le dio algunas instrucciones de gran precisión. Una sonrisa asomó en el rostro habitualmente serio del emisario, que se puso seguidamente en marcha hacia donde habitaba el ermitaño. De nuevo, con su tercer ojo altamente desarrollado, intuyó que se aproximaba el emisario. En unos instantes, reprodujo el truco al que ya había recurrido anteriormente y recreó treinta y nueve formas idénticas a la suya. El emisario de la muerte se encontró con cuarenta formas iguales.

Siguiendo las instrucciones del dios de la muerte, exclamó: –Muy bien, pero que muy bien. !Qué gran proeza! Y tras un breve silencio, dijo: Pero, lamentablemente, hay un pequeño fallo. Entonces el ermitaño, herido en su orgullo, se apresuró a preguntar: –¿Cuál?  En ese momento el emisario de la muerte pudo atrapar el cuerpo real del ermitaño y conducirlo sin demora a las tenebrosas esferas de la muerte.

Moraleja

El ego es el enemigo a derrotar, se abre el camino hacia la muerte y nos hace vivir de espaldas a la realidad del Ser. Sin ego, eres el que jamás has dejado de ser.

jueves, 11 de enero de 2018

El Verdadero Valor del Anillo


Un joven concurrió a un sabio en busca de ayuda.
Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar maestro? ¿Qué puedo hacer para ser alguien importante?
El maestro, sin mirarlo, le dijo:
– ¡Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mis propios problemas. Quizás después… Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar. -Esta bien dijo el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas. 
Bien, asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho agregó: Toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo para pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.
En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, así que rechazó la oferta.
Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado (más de cien personas) salió abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó.
¡Cuánto hubiese deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro! Podría habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y su ayuda.
Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir 2 ó 3 monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
– ¡Qué importante lo que dijiste, joven amigo! -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo?. Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar, llegó hasta el pueblo. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.
– ¿¿¿¿58 monedas???? -exclamó el joven. 
– Sí, -replicó el joyero-. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé… Si la venta es urgente…
El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como este anillo: una joya única y valiosa. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Las personas no saben lo mucho que vales y te van a tratar como si no valieras nada, van a decir que no sirves, porque la gente no sabe, las personas no te conocen.

La Casa Abandonada


Había una vez un perrito vagabundo que caminaba por las calles y en ese momento comienza a llover, el perrito desesperado se pone a buscar un refugio y encuentra uno en una casa abandonada a donde entra por un agujero. El perrito comienza a ver qué lugar estaba vacío oscuro silencioso y comienza a explorar, sube al segundo piso, cuando derrepente entra a una habitación y ahí encuentra otro perro y este le comienza a gruñir y a ladrar y para evitarse problemas sale corriendo de esa casa abandonada diciendo: - que lugar tan feo, nunca más vendré por aquí.
Esa misma noche otro perro también refugiandose de la lluvia entra a la casa abandonada sube por las gradas al segundo piso entra a la misma habitación y encuentra un perrito bonito sonriente y cariñoso que le bate la cola. Termina la lluvia y este perrito se va de la casa diciendo: que lugar más agradable,  voy a venir más seguido. Afuera de la casa abandonada decía: "La casa de los espejos".

Moraleja 

Muchas veces la cara que nos da la vida, termina siendo un reflejo de la cara que nosotros ponemos.

lunes, 8 de enero de 2018

El Jorobado


Había una vez un hombre que no era guapo, era petizo, y era un poco gordito, pero sobre todo tenía una horrible joroba. Un día visitó a uno de sus clientes que tenía una hermosa hija llamada María. El jorobado se enamoró perdidamente de ella, pero a María le incomodaba un poquito su apariencia deforme.
Cuando llegó el momento de despedirse. El jorobado se llenó de valor y subió por las escaleras hasta el cuarto de María para tener una última oportunidad de hablar con ella. Era una visión de belleza celestial, pero lo entristecía profundamente su negativa a mirarlo. Después de varios intentos de conversar con ella, le preguntó tímidamente: ¿Crees en el destino?—Sí —respondió ella, todavía mirando al suelo, creo que los matrimonios se crean en el cielo ¿Y tú? Claro que sí —contestó ella- en el cielo, cada vez que un niño nace, el Señor anuncia con qué niña se va a casar. Cuando yo nací, me fue señalada mi futura esposa. Entonces el Señor añadió: “Pero tu esposa será jorobada.” Justo en ese momento dije: ¡Oh, Señor!, una mujer jorobada será una tragedia. Por favor, Señor, dame a mí la joroba y permite que ella sea hermosa”. Entonces María levantó la mirada para contemplar los ojos del jorobado y un hondo recuerdo la conmovió, lo agarró de la mano y más adelante se convirtió en su devota esposa.

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