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domingo, 4 de septiembre de 2022

La Compasión está en los Ojos


Era una noche muy fría, hace muchos años. La barba del anciano estaba vidriada por la helada invernal, mientras esperaba que lo llevaran al otro lado del río. La espera parecía no tener fin. Su cuerpo se entumeció y tensó debido al viento helado del norte. Escuchó el suave y continuo ritmo de los cascos que se acercaban galopando por el helado camino. Observó con ansiedad cuando varios jinetes tomaron la curva. Dejó que pasara el primero, sin hacer esfuerzo alguno por atraer su atención. Después pasó otro y otro más. Finalmente, el último jinete se acercó al sitio donde se encontraba sentado el anciano, como si fuera una estatua de nieve. Cuando este hombre se acercó, el anciano lo miró a los ojos. —Señor, ¿le importaría llevar a un hombre al otro lado? -Preguntó el anciano-. Parece ser que no hay un camino para ir a pie. El jinete detuvo su caballo y respondió: Seguramente. Al ver que el anciano no podía levantar su cuerpo medio congelado del frío, el jinete desmontó y lo ayudó a montar. Llevó al anciano no sólo al otro lado del río, sino hasta su destino, a unos kilómetros de distancia.

Cuando se aproximaron a la pequeña y acogedora cabaña, la curiosidad del jinete lo obligó a preguntar: Señor, noté que dejó pasar a varios jinetes, sin esforzarse por asegurar que lo llevaran. Cuando yo me acerqué, de inmediato me pidió que lo llevara. Siento curiosidad de saber por qué, en una noche invernal tan fría, esperó y selo pidió al último jinete. ¿Y si me hubiera negado y lo hubiera dejado allí?”. El anciano desmontó con lentitud y miró al jinete directamente a los ojos. —He estado por aquí durante algún tiempo -respondió el anciano. Creo conocer muy bien a la gente. Miré a los ojos a los otros jinetes y de inmediato noté que no les preocupaba mi situación. Hubiera sido inútil pedirles que me llevaran. Sin embargo, cuando lo miré a los ojos, su bondad y su compasión fueron evidentes. Supe que su espíritu amable aprovecharía la oportunidad para ayudarme en mi momento de necesidad. Esos comentarios entusiastas conmovieron profundamente al jinete. —Estoy muy agradecido por lo que dijo, comentó el jinete al anciano. Espero nunca estar demasiado ocupado en mis propios asuntos y no responder a las necesidades de otras personas con amabilidad y compasión. Después de pronunciar esas palabras, Thomas Jefferson hizo que su caballo diera la vuelta y regresó a la Casa Blanca.

martes, 23 de agosto de 2022

La Pregunta Más Importante

 

En cierta ocasión, durante mi segundo semestre en la escuela de enfermería, el profesor nos hizo un examen sorpresa. Leí rápidamente todas las preguntas, hasta llegar a la última: ¿Cómo se llama la mujer que limpia la escuela?, Seguramente era una broma. Yo había visto muchas veces a la mujer que limpiaba la escuela. Era alta, de cabello oscuro, unos 5O años, pero, ¿Cómo iba a saber su nombre? Entregué el examen sin contestar la última pregunta. Antes de que terminara la clase, alguien le preguntó al profesor si esa pregunta contaría para la calificación. Definitivamente, contestó. En sus carreras ustedes conocerán a muchas personas. Todas son importantes. Ellas merecen su atención y cuidado, aun si ustedes sólo les sonríen y dicen: ¡Hola!" Nunca olvidé esa lección, y supe luego que su nombre era Dorothy. Ahí me di cuenta de que todos somos importantes. 

Moraleja

La vida da muchas vueltas, un dia estás arriba y otro abajo. Hay que llevarse bien con todos, la humildad ante todo. 

lunes, 15 de agosto de 2022

Gritos Y Susurros


Un día, un maestro preguntó:

—¿Por qué las personas se gritan cuando están enojadas?

Los alumnos pensaron unos momentos y respondieron:

—Porque perdemos la calma —dijo uno—, por eso gritamos.

Pero ¿por qué debemos gritar cuando la persona está a tu lado? —Preguntó nuevamente el maestro—. ¿No es posible hablar en voz baja? ¿Por qué tienen que gritar cuando están enojados?

Nuevamente se oyeron otras respuestas, aunque ninguna de ellas dejó satisfecho al maestro. Entonces se puso de pie, salió al centro del salón y explicó:

Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para hacerse escuchar ellas gritan a fin de cubrir esa gran distancia. Mientras más irritados estén, más fuerte deberán levantar la voz.

Enseguida preguntó:

—¿Qué sucede en cambio cuando dos personas están enamoradas? Ellas no se gritan, sino que se hablan suavemente. ¿Por qué? Porque sus corazones están tan cerca que la distancia entre ellos es muy pequeña. Cuando están aún más enamorados ¿qué sucede? Ellos no hablan, solo se susurran y se acercan cada vez más. Al final, ni siquiera necesitan susurrar. Solo se miran a los ojos, y eso es todo…

miércoles, 22 de junio de 2022

La hormiga y la Paloma

 


Una hormiga que estaba sedienta fue a un manantial con la intención de beber un poco de agua, pero en la orilla resbaló y cayó a lo profundo del arroyo. Cuando se estaba ahogando, una paloma, con su excelente visión, lo había visto todo, cortó una rama de un árbol y la puso en el agua, entonces, la hormiga se subió a la ramita y se salvó.

Unos días después, un cazador de pájaros estaba escondido y con un lazo preparado para cazar a la paloma, su amiga cayó en la trampa del cazador. La hormiga que lo vio todo, fue hasta él y le mordió en un pie. El cazador, al sacudirse el pie, movió los lazos, y entonces la paloma escapó y se puso a salvo.

Moraleja

Esto demuestra que incluso el detalle más insignificante, es capaz de hacer la diferencia, se pueden realizar grandes favores a quienes les han tratado bien, sin importar su condición.

lunes, 8 de enero de 2018

Por un Vaso de Leche

Un día, un muchacho pobre, Howard Kelly, que vendía mercancías de puerta en puerta para pagar sus estudios universitarios, encontró que sólo le quedaba una simple moneda de diez centavos, y tenía hambre. Decidió que pediría comida en la próxima casa. Sin embargo, sus nervios lo traicionaron cuando una encantadora mujer joven le abrió la puerta. En lugar de comida le pidió un vaso de agua. Ella pensó que el joven parecía hambriento, así que le trajo un gran vaso de leche. Él lo bebió despacio, y entonces le preguntó: —¿Cuánto le debo, señora? —No me debes nada —contestó ella—. Mi madre siempre nos ha enseñado que nunca debemos recibir nada por una buena obra.
Él le preguntó su nombre y enseguida le dijo: Entonces, se lo agradezco de todo corazón
Cuando Howard Kelly se fue de la casa, no sólo se sintió más fuerte, sino que también su fe en los seres humanos era más sólida. En ciertos momentos, él había estado a punto de rendirse y dejarlo todo cuando veía que muy pocos lo ayudaban. Años después esa misma mujer enfermó gravemente. Los doctores locales estaban confundidos, por lo cual decidieron remitirla a un importante hospital de la capital. Llamaron al doctor Howard Kelly para consultarle. Cuando éste oyó el nombre del pueblo de donde venía la paciente, una extraña luz brilló en sus ojos.
Inmediatamente el doctor Kelly subió del vestíbulo del hospital al cuarto donde estaba la paciente. Vestido con su bata de médico entró a verla. La reconoció enseguida. Entonces regresó al cuarto de observación decidido a hacer lo mejor posible para salvarle la vida. Después de una larga lucha, ella ganó la batalla. Estaba recuperada. Como le iban a dar de alta a la paciente, porque estaba plenamente aliviada, el doctor Kelly pidió a la oficina de administración del hospital que le enviaran la factura total de los gastos para aprobarla. Él la revisó y firmó la cuenta. Además escribió algo en el borde del importe y lo remitió al cuarto de su paciente. Cuando la cuenta llegó al cuarto de la paciente, ella temía abrirla porque sabía que le tomaría el resto de su vida poder pagar todos los gastos de ese gran hospital donde la habían atendido. Finalmente abrió el sobre y algo llamó su atención de inmediato; en el borde de la factura leyó estas palabras: “Pagado por completo hace muchos años con un vaso de leche”.

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