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martes, 9 de enero de 2018

El Dibujo Milagroso

Había una vez una niñita que pasaba clases en un kínder,  y en general no prestaba mucha atención a la maestra y no sacaba buenas notas. Pero en una ocasión que estaban en una clase de dibujo, la niña se fue al fondo de la clase y comenzó a dibujar con mucha concentración, cosa que llamó la atención a la maestra, que en esta ocasión había cumplido las instrucciones, y la maestra al darse cuenta de esto, estaba muy atenta a la niña para reforzar estas conductas positivas que estaba emitiendo, o sea que pensó en acercase a ella para alentar su dibujo.
Ea así que fue caminando hasta el fondo y le preguntó: ¿Qué estás dibujando? y ella dijo “estoy dibujando a Dios”
—Si hija,  esta bien, pero, nadie sabe cómo es Dios, nunca nadie lo ha visto, y la niña le respondió: “pues lo veran en un minuto”.

Moraleja 

Los niños se arriesgan, hacen el intento, no tienen temor a equivocarse como nosotros los adultos, tienen una confianza sin límites, ¿qué nos pasó? 

Llenen sus Vidas



Un experto estaba dando una conferencia a un grupo de profesionales. Para dejar en claro cierto punto, utilizó un ejemplo que aquellos profesionales jamás olvidaron. Parado frente al auditorio de esa gente tan exitosa, dijo:
Quisiera hacerles un «pequeño examen». De abajo de la mesa sacó un jarro de vidrio, dt boca ancha, y lo puso sobre la mesa frente a él. Luego sacó una docena de piedras del tamaño de un puño y empezó a colocarlas una por una en el jarro. Cuando el jarro de vidrio estaba lleno hasta el tope y no podía colocar más piedras, preguntó al auditorio:
—¿Está lleno este jarro?
Todos los asistentes al unísono dijeron: ¡! Entonces, dijo:
—¿Están seguros?
Y enseguida sacó de abajo de la mesa un balde con piedras más pequeñas. Echó un puñado de esos guijarros en el recipiente y lo movió haciendo que las piedras pequeñas se acomodaran en el espacio vado entre las grandes. Cuando hubo hecho esto, preguntó de nuevo:
—¿Está lleno este jarro?
Como esta vez el auditorio ya suponía lo que vendría, uno de los asistentes dijo en voz alta: «Probablemente, no».
—Muy bien.
Sacó el expositor de debajo de la mesa un balde lleno de arena y empezó a echarlo en el jarro. La arena se acomodó en el espacio entre las piedras grandes y las pequeñas. Una vez más preguntó al grupo:
¿Está lleno el jarro?
Esta vez varias personas respondieron en coro: ¡No!
—¡Muy bien!
Luego sacó una vasija llena de agua y la echó al jarro hasta llenarlo. Cuando terminó el procedimiento, miró hacia el auditorio y preguntó:
¿Cuál creen ustedes que es la enseñanza de esta pequeña demostración?
Uno de los espectadores levantó la mano y dijo:
La enseñanza es que no importa qué tan lleno esté tu horario, si de verdad lo intentas, siempre podrás incluir más cosas…
—No —replicó el expositor—, esa no es la gran lección; la verdad de esta demostración es que si no colocas las piedras grandes primero, no podrás ponerlas en ningún otro momento. Debes anteponer siempre tus mayores prioridades, luego, en los espacios vacíos podrás colocar otros objetivos más pequeños.

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