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martes, 9 de agosto de 2022

Pureza De Corazón

Esa es la historia de dos ermitaños que vivían cada uno de ellos en una isla diferente. El ermitaño joven se había hecho muy célebre y gozaba de gran reputación en el pueblo, mientras que el anciano era un ermitaño desconocido. Un día, el anciano tomó una balsa y se desplazó hasta la isla del afamado ermitaño. Le rindió honores y le pidió instrucción espiritual. El joven le entregó un mantra y le facilitó las instrucciones necesarias para la repetición exitosa del mismo. Agradecido, el anciano volvió a tomar la balsa para retornar a su isla, mientras su compañero de búsqueda se sentía muy orgulloso por haber sido reclamado espiritualmente. El anciano a su vez, se sentía muy feliz con el mantra.

El anciano era una persona sencilla y de corazón puro. Toda su vida no había hecho otra cosa que ser un hombre de buenos sentimientos y ahora, ya en su ancianidad, quería hacer práctica de lo aprendido.

Estaba el joven ermitaño leyendo las escrituras, cuando, a las pocas horas de marcharse, el anciano regresó. Estaba compungido, y dijo:

–Venerable asceta, resulta que he olvidado las palabras exactas del mantra. Siento ser un pobre ignorante. ¿Puedes indicármelo otra vez?

El joven miró al anciano con condescendencia y le repitió el mantra. Lleno de orgullo, se dijo interiormente: “Poco podrá este pobre hombre avanzar por la senda hacia la Realidad si ni siquiera es capaz de retener un mantra”. Pero su sorpresa fue extraordinaria cuando de repente vio que el anciano partía hacia su isla recitando el mantra y caminando sobre las aguas.

Moraleja

El que en carne propia vive lo aprendido, goza de una pureza de corazón. ¿Qué no puede obtenerse con un corazón limpio?

La Carreta Vacía


Cierta mañana, mi padre me invitó a dar un paseo por el bosque y yo acepté con placer. Se detuvo en una curva y después de un pequeño silencio me preguntó:Además del cantar de los pájaros, ¿escuchas algo más? Agudicé mis oídos y algunos segundos después le respondí:Estoy escuchando el ruido de una carreta.Eso es, dijo mi padre. Es una carreta vacía.¿Cómo sabes que está vacía, si aún no lavemos? le pregunté. Y él respondió: Es muy fácil saber que una carreta está vacía, por causa del ruido.
Cuanto menos cargada está una carreta, mayor es el ruido que hace. Me convertí en adulto y aún hoy, cuando veo a una persona hablando demasiado, a una persona inoportuna, que interrumpe la conversación de todo el mundo, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo: Cuanto menos cargada está una carreta, mayor es el ruido que hace. 

jueves, 4 de agosto de 2022

Regalos Que Se Rechazan

Había un profesor estricto y mano dura, pero muy reconocido también por sus alumnos como un hombre justo y comprensivo. Un cierto día, al terminar las clases, y mientras organizaba unos documentos en su escritorio, uno de sus alumnos se le acercó y en forma desafiante le dijo: —Profesor!, lo que más me alegra de haber terminado las clases es que no tendré que es-cuchar más sus tonterías y podré dejar de ver su estúpida cara. El alumno estaba erguido y arrogante, esperando que el maestro reaccionara ofendido y descontrolado. El profesor miró de frente al alumno por un instante y en forma muy tranquila le preguntó: —Cuando alguien te ofrece algo que no quieres, ¿lo recibes? El alumno quedó desconcertado por la inesperada pregunta y no pudo más que contestar: —Por supuesto que no, repuso en forma aprensiva y fría. —Bueno —prosiguió el profesor, —cuando alguien intenta ofenderme, o me dice algo desagradable, me está ofreciendo algo que yo puedo decidir aceptar o no aceptar. —No entiendo a qué se refiere —replicó el alumno confundido. —Muy sencillo —dijo el profesor —tú me estás ofreciendo rabia y desprecio; y si yo me siento ofendido, o me pongo furioso, estaré aceptando tus emociones como un regalo. Y yo, mi amigo, en verdad prefiero obsequiarme mi propia serenidad. Enseguida añadió: —Muchacho, tu rabia pasará; pero no trates de dejarla conmigo como si fuera un regalo porque no me interesa guardarla. Yo no puedo controlar lo que tú llevas en tu corazón, pero de mí depende lo que yo cargo en el mío.

jueves, 30 de junio de 2022

El Ermitaño Astuto

 


Este era un ermitaño de muy avanzada edad. Sus cabellos eran blancos como la espuma, y su rostro parecía surcado por las profundas arrugas de más de un siglo de vida. Pero su mente continuaba siendo ágil y despierta y su cuerpo flexible como una ramita de molle. Sometiéndose a toda suerte de disciplinas y enseñanzas, había obtenido un asombroso dominio sobre sus facultades físicas y sobre todo desarrollado poderosos poderes psíquicos. Pero, a pesar de ello, no había logrado conquistar su arrogante ego.

La muerte no perdona a nadie, y cierto día, el Señor de la Muerte, envió a uno de sus emisarios para que atrapase al ermitaño y lo condujese a su reino. El ermitaño, con su desarrollado poder clarividente, intuyó las intenciones del emisario de la muerte y, experto en el arte de la ilusión, proyectó treinta y nueve formas idénticas a la suya. Cuando llegó el emisario de la muerte, contempló, estupefacto, cuarenta cuerpos iguales y, siéndole imposible detectar el cuerpo verdadero, no pudo apresar al astuto sabio y llevárselo consigo. Fracasado el emisario regresó junto al dios del inframundo y le expuso lo acontecido.

El poderoso Señor de la Muerte, se quedó pensativo durante unos instantes, acercó sus labios al oído del emisario y le dio algunas instrucciones de gran precisión. Una sonrisa asomó en el rostro habitualmente serio del emisario, que se puso seguidamente en marcha hacia donde habitaba el ermitaño. De nuevo, con su tercer ojo altamente desarrollado, intuyó que se aproximaba el emisario. En unos instantes, reprodujo el truco al que ya había recurrido anteriormente y recreó treinta y nueve formas idénticas a la suya. El emisario de la muerte se encontró con cuarenta formas iguales.

Siguiendo las instrucciones del dios de la muerte, exclamó: –Muy bien, pero que muy bien. !Qué gran proeza! Y tras un breve silencio, dijo: Pero, lamentablemente, hay un pequeño fallo. Entonces el ermitaño, herido en su orgullo, se apresuró a preguntar: –¿Cuál?  En ese momento el emisario de la muerte pudo atrapar el cuerpo real del ermitaño y conducirlo sin demora a las tenebrosas esferas de la muerte.

Moraleja

El ego es el enemigo a derrotar, se abre el camino hacia la muerte y nos hace vivir de espaldas a la realidad del Ser. Sin ego, eres el que jamás has dejado de ser.

jueves, 11 de enero de 2018

El Águila el Cuervo y el Cazador


Había una vez un cazador que dedice ir al bosque a cazar águilas, no para comerlas ni para hacer sopa, sino para venderlas como mascotas, las cazaba, les cortaba las alas y las vendía en una jaula como hacen con los loros.
Llegó al lugar donde habitan las águilas, un cerro muy alto, cuando de repente ve a un águila en plena acción, estaba cazando, y se lanza a toda velocidad desde los cielos, atrapando con sus enormes garras a una oveja y se la lleva hasta la punta de los cerros y se la come. 
El cazador observó que justo había ahí un cuervo queriendo imitar lo que hacía el águila, el cuervo voló desde lo alto y se lanzó hacia la oveja, con tanta mala suerte que sus garras del cuervo se enredaron en la lana de la oveja y no podía soltarse, el cazador se acerca y lo atrapa diciendo: -bueno, no pude cazar un águila pero me llevaré este pájaro, algo puedo ganar con él, aunque sea se lo puedo dar a mis hijos para que jueguen con el cómo juguete, agarra la tijera, le corta la punta de las alas para que no vuele.
Y así hizo el cazador llegó a su aldea y se les dio de regalo a sus hijos, y uno de sus hijos le dice: “así que estas son las famosas águilas, gracias papi, no sabía que eran negras”,
—No hijo esa ave es un cuervo, pero se cree águila, así que hijo tu nunca seas algo que no eres. 

Moraleja

Cada uno de ustedes tiene una habilidad, es muy bueno en hacer algo.  Y eso que saben hacer no lo puede hacer nadie más como ustedes. Y esa habilidad que tienen sirve para algo, entonces dedíquense a hacer lo que saben con su sello personal.

lunes, 8 de enero de 2018

Las Espigas de Trigo


Un agricultor recorría con su hijo los campos para ver si el trigo ya estaba maduro. Padre, preguntó el niño, ¿por qué algunas espigas de trigo están inclinadas hacia abajo y otras tienen la cabeza erguida como mirando al cielo? Las que miran arriba deben ser las mejores, las que están jorobadas y tiene caída la cabeza no se deben poder aprovechar. El padre cogiendo una de las espigas que se doblaban le dijo: ¡Fíjate, hijo mío! Esta espiga que se inclina con modestia es perfecta, está cuajada de grano, pero ésta otra que se levanta con tanto orgullo en el trigal; está seca y es inaprovechable.

Moraleja 

Así pasa muchas veces en el mundo: Los soberbios son secos, nulos, no sirven para gran cosa; los humildes son útiles y preciosos.

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