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miércoles, 24 de enero de 2018

El viaje del Peregrino


Hubo una vez un anciano peregrino que recorría su largo camino hacia las montañas del Himalaya en lo más crudo del invierno, para llegar hasta a un monasterio ubicado en lo más alto de los picos nevados. De pronto, empezó a caer una gran tormenta de nieve que duró días.
Cuando al fin el anciano peregrino pudo llegar hasta el monasterio, un posadero le preguntó: “¿Cómo has conseguido llegar hasta aquí con este clima infernal buen hombre?” Y el anciano respondió alegremente: “Mi corazón llegó primero, y al resto de mi cuerpo le ha sido más fácil seguirle”.

jueves, 11 de enero de 2018

El Águila el Cuervo y el Cazador


Había una vez un cazador que dedice ir al bosque a cazar águilas, no para comerlas ni para hacer sopa, sino para venderlas como mascotas, las cazaba, les cortaba las alas y las vendía en una jaula como hacen con los loros.
Llegó al lugar donde habitan las águilas, un cerro muy alto, cuando de repente ve a un águila en plena acción, estaba cazando, y se lanza a toda velocidad desde los cielos, atrapando con sus enormes garras a una oveja y se la lleva hasta la punta de los cerros y se la come. 
El cazador observó que justo había ahí un cuervo queriendo imitar lo que hacía el águila, el cuervo voló desde lo alto y se lanzó hacia la oveja, con tanta mala suerte que sus garras del cuervo se enredaron en la lana de la oveja y no podía soltarse, el cazador se acerca y lo atrapa diciendo: -bueno, no pude cazar un águila pero me llevaré este pájaro, algo puedo ganar con él, aunque sea se lo puedo dar a mis hijos para que jueguen con el cómo juguete, agarra la tijera, le corta la punta de las alas para que no vuele.
Y así hizo el cazador llegó a su aldea y se les dio de regalo a sus hijos, y uno de sus hijos le dice: “así que estas son las famosas águilas, gracias papi, no sabía que eran negras”,
—No hijo esa ave es un cuervo, pero se cree águila, así que hijo tu nunca seas algo que no eres. 

Moraleja

Cada uno de ustedes tiene una habilidad, es muy bueno en hacer algo.  Y eso que saben hacer no lo puede hacer nadie más como ustedes. Y esa habilidad que tienen sirve para algo, entonces dedíquense a hacer lo que saben con su sello personal.

El Verdadero Valor del Anillo


Un joven concurrió a un sabio en busca de ayuda.
Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar maestro? ¿Qué puedo hacer para ser alguien importante?
El maestro, sin mirarlo, le dijo:
– ¡Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mis propios problemas. Quizás después… Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar. -Esta bien dijo el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas. 
Bien, asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho agregó: Toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo para pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.
En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, así que rechazó la oferta.
Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado (más de cien personas) salió abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó.
¡Cuánto hubiese deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro! Podría habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y su ayuda.
Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir 2 ó 3 monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
– ¡Qué importante lo que dijiste, joven amigo! -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo?. Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar, llegó hasta el pueblo. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.
– ¿¿¿¿58 monedas???? -exclamó el joven. 
– Sí, -replicó el joyero-. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé… Si la venta es urgente…
El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como este anillo: una joya única y valiosa. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Las personas no saben lo mucho que vales y te van a tratar como si no valieras nada, van a decir que no sirves, porque la gente no sabe, las personas no te conocen.

La Casa Abandonada


Había una vez un perrito vagabundo que caminaba por las calles y en ese momento comienza a llover, el perrito desesperado se pone a buscar un refugio y encuentra uno en una casa abandonada a donde entra por un agujero. El perrito comienza a ver qué lugar estaba vacío oscuro silencioso y comienza a explorar, sube al segundo piso, cuando derrepente entra a una habitación y ahí encuentra otro perro y este le comienza a gruñir y a ladrar y para evitarse problemas sale corriendo de esa casa abandonada diciendo: - que lugar tan feo, nunca más vendré por aquí.
Esa misma noche otro perro también refugiandose de la lluvia entra a la casa abandonada sube por las gradas al segundo piso entra a la misma habitación y encuentra un perrito bonito sonriente y cariñoso que le bate la cola. Termina la lluvia y este perrito se va de la casa diciendo: que lugar más agradable,  voy a venir más seguido. Afuera de la casa abandonada decía: "La casa de los espejos".

Moraleja 

Muchas veces la cara que nos da la vida, termina siendo un reflejo de la cara que nosotros ponemos.

El Chivo y la Zorra en el Pozo


Hubo una vez una zorra que buscando comida cayó en un profundo pozo, viéndose obligada a quedar adentro por no poder alcanzar la orilla.
—Voy a morir en este pozo, nadie sabe que estoy aquí, decía la zorra.
Llegó más tarde al mismo pozo un chivo sediento, y viendo a la zorra le preguntó si el agua era buena. Ella, ocultando su verdadero problema, se deshizo en elogios para el agua, afirmando que era excelente, e invitó al chivo a descender y probarla donde ella estaba.
Sin más pensarlo saltó el chivo al pozo, y después de saciar su sed dijo: Si realmente muy rica el agua era justo lo que me hacía falta, pero ¿cómo haremos para salir de aqui?
Dijo entonces la zorra:
—Muy fácil, apoya tus patas delanteras contra la pared y alza bien arriba tus cuernos; luego yo subiré por tu cuerpo y una vez afuera, tiraré de ti.
Le creyó el chivo y así lo hizo con buen gusto, y la zorra trepando hábilmente por la espalda y los cuernos de su compañero, alcanzó a salir del pozo, luego dijo:
— chau chivito.
alejándose de la orilla al instante, sin cumplir con lo prometido.
Cuando el chivo le reclamó la violación de su convenio, se volvió la zorra y le dijo:
—¡Oye socio, si tuvieras tanta inteligencia como pelos en tu barba, no hubieras bajado sin pensar antes de cómo salir después!.

Moraleja 

Piensen dos veces antes de hacer las cosas, no te dejes seducir por lo primero que veas o escuches, van a sonar lindas al primer vistazo, ahora piénsenlo por segunda vez.

miércoles, 10 de enero de 2018

El Árabe y su Camello

Un árabe estaba realizando un viaje largo a través del desierto. Durante el día el calor puede ser ardiente pero de noche puede ponerse muy frío. 
En una noche especialmente fría, el árabe se encontraba en su agradable tienda calientita en la que algunas brasas mantenían tibio el ambiente. Cuando se dispuso a dormir, advirtió que la trompa de su camello se estaba metiendo en la tienda, se dio cuenta de que a su camello le hacía frío. 
—Camello, le dijo: ¿Por qué está tu trompa en mi tienda?
'—Ah, amo: respondió: Hace tanto frío ahí afuera, y si mi naricita se calentara entonces podría dormir bien. Además el aire frio no me deja respirar, teniendo mi trompa dentro de su carpa, respiro aire calentito por lo menos mis mocos no se congelan.
El árabe lo pensó y le permitió que dejara dentro su trompa.  Un poco más tarde el hombre se despertó y vio que el camello ahora tenía metida toda la cabeza en la tienda. 
—¿Que estás haciendo camello? Me dijiste que solo querías que tu trompa estuviera dentro de la tienda”.
—Ah, amo, no sabes el frío tan fuerte que hace aquí afuera y si mi cabeza está dentro de la tienda, descansaré mejor y llegaremos más rápido a nuestro destino”.
El árabe aceptó, pero al rato se encuentra que el camello metió sus patas más.
—!Camello¡, !tus patas están dentro¡
—Es que cuando hace frio lo primero que se congelan son las patas y si se congelan me las pueden amputar y después como vas a viajar?,  las patas son mi herramienta de trabajo.
Después de pensarlo bien, el árabe estuvo de acuerdo y se volvió a dormir.  Nuevamente se despertó, esta vez para ver que el camello tenía la cabeza, el cuello y otras dos patas dentro de la tienda.
—Camello, esto es demasiado. Debes detenerte.
—Ah, amo, ahora me siento realmente cómodo. Puedo dormir toda la noche. No es muy grande mi cuello, no ocupa mucho espacio.
—Muy bien, dijo el árabe: Pero esta es la última cosa que te permito. 
Más tarde en la noche el árabe se despierta y ve que la tienda ahora estaba llena con todo el cuerpo del camello dentro de la misma y el árabe tenía poco espacio.
—!Camello! Gritó. ¿Qué estás haciendo?
El camello responde:
¡Vete de mi tienda, árabe estúpido! 

Moraleja

La mayoría de nosotros estamos conscientes de que ciertas situaciones, hábitos o personas pueden ser una  amenaza para nuestra salud física, para nuestra salud mental o para nuestra salud moral. Se infiltran en nuestras vidas. Se cuelan para engañarnos.
Recuerda que una desgracia puede comenzar como un inocente juego. Aunque la curiosidad te impulse a descubrir sensaciones peligrosas, a hacer dinero fácil o te induzca a aprender malos hábitos con la droga o el alcohol.
Y hay mucho chicos, que te ofrecen la trompita, y ustedes les dicen: !hay no¡, que asco, —ya pues solo un besito, —bueno, solo un besito, luego van a meter su mano te van a agarrar y luego van a meter su, bueno ya saben, que te van a decir? Ahora eres míay te celan y te controlan.
Todos en nuestra vida tenemos camellos, pero a veces no los vemos hasta que es muy tarde, cuáles son tus camellos? La pereza? Esos: "Solo 5 minutitos más" . Luego llegas tarde al trabajo y te genera conflictos e incluso perder tu fuente de dinero. La televisión? "Acaba ese programa y la apago la tele" Terminas trasnochando levantándote cansado, sin ganas y con ojeras.

Los dos Halcones

Hubo un rey que recibió como obsequio dos pichones de halcón y los entregó a un experto para que los entrenara. Pasados unos meses, el instructor le dijo aj rey que uno de los halcones estaba muy bien educado, pero que no sabía qué le sucedía al otro: no se había movido de la rama desde el día de su llegada al palacio, e incluso había que llevarle el alimento hasta allí.
El rey mandó llamar a curanderos y sanadores de todo tipo, pero nadie pudo hacer volar al ave. Encargó entonces la misión a miembros de la corte, pero nada sucedió; por la ventana de sus habitaciones, el monarca veía que el pájaro continuaba inmóvil. Publicó entonces la solicitud de ayuda a pueblos cercanos, y a la mañana siguiente vio al halcón volar ágilmente por los jardines.
-Traigan al autor de ese milagro- dijo. En seguida le presentaron a un campesino. -¿Tú hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo lograste? ¿Eres mago, acaso? El hombre respondió: -No fue difícil, Su Alteza: sólo corté la rama. El pájaro se dio cuenta de que tenía alas y se lanzó a volar.

Moraleja

Hay personas que son conscientes de que pueden lograr grandes cosas, pero la costumbre y la rutina les tienen prisioneros. A veces un empujoncito es necesario. 

El Eco


Un padre y su hijo estaban caminando en las montañas. De repente, el hijo se cayó, lastimándose, y grito de dolor: ¡Aaaaaayyyy!
Para su sorpresa, oyó una voz que repetía, en algún lugar de la montaña: ¡Aaaaaayyyy!  Con curiosidad, el niño gritó: ¿Quién está ahí? Y recibió esta respuesta: -¿Quién está ahí?  Enojado, gritó: -¡Sonso! Y escuchó que le respondían: ¡Sonso! El niño miró al padre y le dice:  ¿Papi?,mirá lo que me dice.
El hombre, sonriendo, le dijo: Hijo mío, presta atención  -Y gritó hacia la montaña: ¡Te admiro!  Y la voz le respondió: -¡Te admiro! De nuevo, el hombre gritó: -¡Eres un campeón! Y la voz le respondió: -¡Eres un campeón! El niño estaba asombrado, pero no entendía nada. Entonces el padre le explicó: -La gente lo llama eco, pero en realidad es la vida. Te devuelve todo lo que dices o haces.

Moraleja 

Nuestra vida es un reflejo de nuestras acciones. Si desea más amor en el mundo, ella nos da de regreso exactamente lo que le hemos dado. Nuestra vida no es una coincidencia, sino un reflejo de nosotros mismos.

Hasta Mañana


La mamá y el papá estaban mirando la televisión, cuando ella dijo:
Estoy cansada; es tarde y me voy a la cama.
Entonces fue a la cocina a preparar los sándwiches que sus hijos iban a llevar al kínder la mañana siguiente. Sacó la carne del congelador para la cena del otro día; verificó si quedaban suficientes cereales, llenó la azucarera, puso las cucharitas y los platos del desayuno en la mesa y dejó lista la cafetera. Enseguida puso la ropa húmeda en la secadora, la ropa sucia en la lavadora, planchó una camisa y cosió un botón; recogió los juguetes, puso a cargar el teléfono y guardó la guía telefónica. Regó las plantas, ató la bolsa de basura y tendió una toalla. Bostezó y se estiró y se fue al dormitorio.
Se detuvo un momento para escribir una nota a la maestra, contó el dinero para la excursión de uno de sus hijos y recogió un libro que estaba debajo de la silla. Firmó una tarjeta de felicitación para un amigo y puso la dirección en el sobre, escribió una nota para el mensajero y colocó todo junto a su bolso. A continuación, la mujer se lavó la cara con las toallitas, se puso crema antiarrugas, se lavó los dientes y las manos. Desde el cuarto, el papá gritó:
—Porque haces tanto ruido? No que te estabas te estabas yendo a la cama?
—¡Ya voy! —dijo ella.
Puso un poco de agua en el bebedero del perro y sacó el gato al balcón, regó las plantas de la sala, cerró la puerta con llave y apagó la luz de la entrada. Dio una ojeada a los niños, les apagó las luces y la televisión y por un momento rezó por ellos, recogió una camiseta, tiró los calcetines a la cesta de ropa y habló con el mayor que estaba todavía haciendo los deberes. Al llegar a su habitación puso el despertador, preparó la ropa para el día siguiente, y ordenó minuciosamente el zapatero. Luego añadió cuatro puntos más a la lista de las cosas urgentes.
En ese momento, el papá apagó la televisión y anunció:
Me voy a la cama.
Luego, apagó la luz y se durmió profundamente.

Huevos con Jamón


Dice que Había una vez un granjero que iba rumbo a su granja cuando a un costado de la calle observa a un niño que estaba botado en el suelo, desnutrido y apunto de morir, continúa caminando y llega hasta su granja.
Y les cuenta la historia a sus animales y les dice: 
—Compañeros, afuera hay un niño que se está muriendo de hambre desnutrido y hambriento ¿que hacemos? Los animales se miraban las caras nadie dice nada hasta que la gallina muy valientemente evanta la mano y dice: 
-—Jefe, qué tal si a ese niño que está afuera le alimentamos con unos huevitos con un poquito de jamón.
Y mientras la gallina decía estas palabras el chancho escuchaba y pensaba, escuchaba y no se daba cuenta, hasta que reacciona y dice:
—Muy bien le demos a ese niño huevitos con jamón.
El chancho sabía muy bien que para darle jamón a ese niño al chancho había que sacrificarlo mientras que la gallina iba a poner sus huevitos e iba a  seguir por ahí feliz de la vida cacareando y cantando.

Moraleja

La gallina estaba solamente involucrada con el problema, en cambio el chancho estaba comprometido con el problema, porque iba a dar la vida por ese niño.
Es la gran diferencia entre comprometerse y solo involucrarse. 

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