Buscar tu mejor cuento

lunes, 8 de enero de 2018

Las tres Pipas

Una vez un indio de la tribu piel roja se presentó furioso ante su jefe para informarle que estaba decidido a tomar venganza de un vecino que lo había ofendido gravemente. Quería ir inmediatamente a cortarle la melena y matarlo sin piedad. El jefe lo escuchó atentamente y luego le dió permiso para que si fuera a hacer lo que había pensado, pero antes de hacerlo le pidió que llenara su pipa de tabaco y la fumara con calma al pie del árbol sagrado del pueblo, el hombre cargó su pipa y fue a sentarse bajo la copa del gran árbol.
Tardó un par de horas en terminar la pipa sagrada. Luego sacudió sus cenizas y fue a hablar con el jefe piel roja para avisarle que ya había acabado la pipa y a decirle que lo había pensado mejor, que era excesivo matar a su enemigo pero que sí le daría una paliza memorable para que nunca se olvidara de la ofensa. Nuevamente el anciano lo escuchó y aplaudió su decisión, pero le dijo que ya que había cambiado de parecer, tenía que reponer la pipa con tabaco gastado y recoger unas hojas de tabaco de la huerta. También esta vez el hombre cumplió su encargo y estuvo una hora recolectando y meditando. Después regresó a donde estaba el cacique piel roja y le dijo que consideraba excesivo castigar físicamente a su vecino, pero que iría retarle y a echarle en cara su mala acción y le haría pasar vergüenza delante de todos. Como siempre, fue escuchado con bondad y el anciano le pidió que fuera a traer agua al estanque porque tenía sed. El hombre medio molesto pero ya mucho más sereno se dirigió al estanque, tardo otra media hora. Cuando terminó, volvió al jefe piel roja y le dijo:
“Pensándolo mejor, veo que la cosa no es para tanto. Iré donde me espera mi agresor para darle un abrazo. Así recuperaré aun amigo que seguramente se arrepentirá de lo que ha hecho”. El jefe le regaló dos cargas de tabaco para que fueran a fumar juntos al pie del árbol, diciéndole: “Eso es precisamente lo que tenía que pedirte, pero no podía decírtelo yo; era necesario darte tiempo para que lo descubrieras tú mismo”.

Moraleja

Esta historia nos sirve para enseñar sobre las emociones, y sobre los tres cerebros el cerebro límbico el cerebro reptiliano y el cerebro neocortex. Cuando una persona Recibe un insulto, un empujón o un agravio esa información entra primero por el cerebro reptiliano y es lo que nos hace reaccionar primitivamente con los instintos de manera instantánea, después de algunos segundos es información pasa recién al cerebro pensante inteligente y ahí podemos analizar mejor las cosas y decimos: "no fue para tanto".

Perdido en las Montañas


Hubo una vez un piloto llamado Enrich Riguner que se perdió con su avión y se estrelló en la cordillera de los andes, caminó en línea recta durante 3 días en medio de un frio glacial, temperaturas no sé cuánto bajo cero, después de caminar 3 días finalmente cayo de cara en la nieve completamente exausto, aprovechó ese respiro inesperado, esa pausa y comprendió que si no se incorporaba de inmediato no lo iba a hacer nunca más, pero agotado hasta la médula no tenía fuerza ni las ganas de seguir, prefería la idea de una muerte dulce tranquila e indolora, solo tenía que dormirse y ya, no se iba a despertar, mientras su cabeza daba vueltas y pensaba, ya se había despedido de su esposa y su hijo, en su corazón había sentido ese amor puro por ellos, sin rencor y bondadoso, después surgió en él un pensamiento de que si no encontraban su cuerpo, su esposa no podría cobrar su seguro de vida en 5 o 10 años, cómo iban a sobrevivir? Se preguntaba, entonces levantó la cabeza, abrió los ojos y vio una roca grande a unos 100 metros de donde se encontraba y pensó que si se arrastraba hasta ese lugar su cuerpo iba a ser un poco más visible y seria encontrado más rápidamente, por amor a los suyos se levantó y comenzó a caminar, pero cuando se levantó y comenzó a caminar ya estaba poseído por esa idea y ese amor y no se detuvo y esos 100 metros se convirtieron en 10 kilómetros, caminó hasta que alcanzó un pueblo, logró sobrevivir, ningún animal en el mundo hubiera hecho lo que él hizo, que hizo? Se dio un motivo una pequeña razón le dio fuerza para continuar, para vivir. Una sola palabra de aliento, una idea, una imagen pueden hacer la diferencia.

Por un Vaso de Leche

Un día, un muchacho pobre, Howard Kelly, que vendía mercancías de puerta en puerta para pagar sus estudios universitarios, encontró que sólo le quedaba una simple moneda de diez centavos, y tenía hambre. Decidió que pediría comida en la próxima casa. Sin embargo, sus nervios lo traicionaron cuando una encantadora mujer joven le abrió la puerta. En lugar de comida le pidió un vaso de agua. Ella pensó que el joven parecía hambriento, así que le trajo un gran vaso de leche. Él lo bebió despacio, y entonces le preguntó: —¿Cuánto le debo, señora? —No me debes nada —contestó ella—. Mi madre siempre nos ha enseñado que nunca debemos recibir nada por una buena obra.
Él le preguntó su nombre y enseguida le dijo: Entonces, se lo agradezco de todo corazón
Cuando Howard Kelly se fue de la casa, no sólo se sintió más fuerte, sino que también su fe en los seres humanos era más sólida. En ciertos momentos, él había estado a punto de rendirse y dejarlo todo cuando veía que muy pocos lo ayudaban. Años después esa misma mujer enfermó gravemente. Los doctores locales estaban confundidos, por lo cual decidieron remitirla a un importante hospital de la capital. Llamaron al doctor Howard Kelly para consultarle. Cuando éste oyó el nombre del pueblo de donde venía la paciente, una extraña luz brilló en sus ojos.
Inmediatamente el doctor Kelly subió del vestíbulo del hospital al cuarto donde estaba la paciente. Vestido con su bata de médico entró a verla. La reconoció enseguida. Entonces regresó al cuarto de observación decidido a hacer lo mejor posible para salvarle la vida. Después de una larga lucha, ella ganó la batalla. Estaba recuperada. Como le iban a dar de alta a la paciente, porque estaba plenamente aliviada, el doctor Kelly pidió a la oficina de administración del hospital que le enviaran la factura total de los gastos para aprobarla. Él la revisó y firmó la cuenta. Además escribió algo en el borde del importe y lo remitió al cuarto de su paciente. Cuando la cuenta llegó al cuarto de la paciente, ella temía abrirla porque sabía que le tomaría el resto de su vida poder pagar todos los gastos de ese gran hospital donde la habían atendido. Finalmente abrió el sobre y algo llamó su atención de inmediato; en el borde de la factura leyó estas palabras: “Pagado por completo hace muchos años con un vaso de leche”.

La Serpiente y la Luciérnaga

Cuentan que una serpiente empezó a perseguir desesperadamente a una luciérnaga. Ésta huía rápido, con miedo de la feroz depredadora, pero la serpiente no pensaba cesar en su intento. Se evadió un día pero el reptil no desistía, dos noches y nada; en el tercer día, y ya sin fuerzas, la luciérnaga se detuvo y dijo a la serpiente: —¿Puedo hacerte tres preguntas? —No acostumbro a hacer concesiones a nadie, pero, como te voy a devorar, puedes preguntarme. —¿Pertenezco a tu cadena alimenticia? —No. Respondió la serpiente —¿Yo te hice algún mal? —No. Respondió la serpiente —Entonces, ¿por qué quieres comerme? La serpiente respondió: ¡Porque no soporto verte brillar!

El Burro, el Buey y el Labrador


Hubo una vez un comerciante que tenía mucho dinero y muchísimo ganado (cientos de chivos y ovejas) las cuales pastaban en grandes extensiones de terreno, tenía una hermosa esposa y varios hijos, pero lo más importante de todo es que al momento de nacer se le habían concedido el don de entender el lenguaje de los animales. Dicho comerciante vivía en una casa muy grande y tenía en su granja un burro y un buey. Cierto día el comerciante fue a visitar la granja y vio que el establo del burro estaba muy limpio, brillando, bien barrido y trapeado, y el burro dormía cómodamente en su camita de paja. El burro era bien tratado, porque cuando al comerciante se le presentaba algún asunto urgente, se montaba encima del burro y se iba rumbo a su diligencia y cuando regresaba lo devolvía al establo. Ese día el comerciante escuchó que el buey le decía al burro: “dios mío estoy reventado y cansadísimo” mientras que tú echadóte ahí en tu camita de paja y cebada, te sirven comida y te tratan bien, si alguna vez el patrón te monta, más que rápido te deja en paz, en cambio yo, yo todito el día estoy arando que arando la tierra y dando vueltas y vueltas en el molino para hacer la harina. El burro lo miró y le dijo: mirá buey, escúchame: “mañana cuando salgas al campo a arar la tierra, ni bien te estén amarrando la cuerda en el cuello, cáete, déjate caer y no te levantes, aunque te golpeen y te pateen” luego te levantas un poquito y te caes de vuelta y colocas tu patita en la frente, hecho el cansado, después cuando te lleven al establo te van a servir frutas, pastito fresco y agüita, pero  no comas, eh no comas, aguántate de comer y beber por unos 2 o 3 días, actúa como si estuvieses cansado de verdad, así de esa forma vas a descansar de la fatiga y el trabajo y el buey pensaba: “ña este burro ni tan burro es”.
El que tampoco era un burro era el comerciante que estaba escuchando toda la conversación, al día siguiente, cuando uno de los peones estaba llevando al buey notó que estaba muy débil, comenzó a arar la tierra y se desplomó en la tierra, trataron de levantar al buey y otra vez de cayó, entonces el comerciante le dijo al peón: llevá al buey al establo para que descanse y tráeme al burro, el burro va a reemplazar al buey y va a arar la tierra y moler maíz en el molino todo el día. Cuando el burro regresó ya de noche al establo, el buey le agradeció sus concejos ya que todo el día estuvo echado y contento, el burro no le contestó si quiera porque estaba muy cansado y arrepentido de haberle dicho eso al buey.
Al día siguiente volvió el peón y de vuelta agarró al burro y le hizo trabajar desde temprano en la mañanita hasta caída la noche. El burro regresó al establo cansadísimo, apenas podía caminar, el buey lo vio y le dijo: gracias de nuevo burrito, estoy súper relajado y contento y el burro pensaba: “antes vivía feliz y tranquilo, el favorecer al prójimo me ha perjudicado” y le responde: “sabes buey, no me gusta el chisme yo te aprecio mucho, y sabes que soy un buen consejero tuyo”, por eso te voy a contar lo que he oído decir a nuestro amo, él dijo: “si el buey no se levanta de su pesebre, llévenlo al matadero y que lo sacrifiquen para que por lo menos su piel sirva de tapete y su carne alimente a mis peones” yo buey te quiero mucho me preocupas y temo por ti, por eso te cuento, porque me importas mucho y no quiero que te pase nada.
Cuando el buey escucho las palabras del burro, le dio las gracias: “gracias hermanito mañana mismo voy a ir a arar la tierra y a dar vueltas en el molino” y se puso a comer todo el pasto que pudo y a tomar toda el agua que pudo. El comerciante también había oído la conversación y cuando amaneció junto con su hermosa esposa se dirigieron al establo del ganado a ver como se levantaba el buey y se sentaron, llegó el peón, agarró al buey y salieron, en ese momento el buey lo vio a su amo y le sonrió y se puso a batirle la cola como un perrito y el comerciante se comenzó a matar de risa, se reía y se reía y su esposa le preguntó de qué te ríes tanto?, no te puedo decir, solo es algo que he oído que no te puedo contar porque si no yo moriría, - no me importa, tienes que contarme aunque te mueras, contestó la mujer, - en verdad no te puedo contar porque de verdad, de verdad moriría, - lo que pasa es que vos te estás riendo de mí y así la esposa estuvo días insistiéndole a su marido para que le cuente, somos esposos los esposos no pueden tener secretos, lo que pasa es que no me quieres, hay otra, es eso, hay otra mujer.
Insistió tanto que al final el comerciante decide contarle todo aunque sabía que iba a morirse si contaba su secreto, iba a contarle porque la amaba muchísimo a su esposa, habían estado 20 años juntos y tenido juntos varios hijos. Entonces el esposo se alista, como iba a morir llama a todos sus hijos, a sus hermanos, a su abogado, invita a todo el pueblo para que asista. Llega el día en que iba a revelar su secreto, las personas del pueblo le decían a la esposa: “por dios santo mujer, deje en paz al pobre hombre, es el padre de tus hijos, solo es un pequeño secreto”, no! si me ama, tiene que decirme, así que el comerciante va hasta el establo a despedirse de sus animales, en el establo estaba su perro que estaba ladrando al gallo y el comerciante dice: “que tanto le ladra el perro al gallo?” se acerca y comienza a escuchar lo que le decía, el perro le decía al gallo: “vos estás loco, te falta un tornillo? como puedes estar tan contento y cantando cuando nuestro amo se va a morir” el gallo le responde: “el solito se lo ha buscado” mirá: cuando una de mis gallinas se enoja yo la dejo que se enoje contal, yo tengo otras 49 gallinas más que están felices conmigo, yo manejo a 50 esposas y el amo no puede con una, sabes que debería hacer el amo, debería sacar una rama de molle entrar a su habitación y darle una buena tunda a su mujer hasta que se arrepienta y pida perdón, con ese método no va a volver a preguntar nada, cuando el comerciante escuchó las palabras del gallo, se fue hasta un árbol de molle, sacó una rama y fue a buscar a su esposa y comenzó a darle: “maldita, desgraciada, sinvergüenza, te doy todo y quieres que me muera” no me pegues, - cállese la boca, al final la mujer se arrepiente, te pido perdón y le besa los pies y las manos y se reconcilian, bajan de la mano, comunican al pueblo que no iba a contar el secreto y vivieron felices para siempre.
Moraleja
  • Aprendamos a escuchar, hasta de un animal podemos aprender, si escuchamos los consejos, los pongamos en práctica como el buey
  • No hay que fingir para ganar cosas, la vagancia no nos lleva a nada
  • No hay escusas para no trabajar
  • No hay que cerrarse con un solo camino, el comerciante solo veía un camino, la muerte, habiendo tantas soluciones para arreglar los problemas
  • La flojera no es la respuesta, el trabajo es el que siempre te da ganancias. Para eso están los domingos.

La Ropa Sucia

Unos recién casados se mudaron a un barrio muy tranquilo. Tras la primera noche en su nueva casa y cuando se levantaron a desayunar, la mujer observó a través de la ventana que una vecina —a la que todavía no conocía— estaba colgando sus sábanas en el tendedero.
—¡Cómo quedaron de sucias esas sábanas que cuelga aquella mujer! No debe usar un jabón muy bueno. ¡A ver si algún día la encuentro por la escalera y le recomendaré uno mejor! —exclamó, mientras su marido la miraba en silencio.
Y así, cada dos o tres días, la mujer repetía sus críticas mientras aquella mujer extendía su ropa para que se secara al sol. Sin embargo, unas semanas más tarde, se sorprendió muchísimo al ver que las sábanas de la vecina caían limpísimas de la cuerda.
—¡Mira! —llamó a su esposo—, ¡la señora por fin ha aprendido a lavar, su ropa se ve muy limpia! ¿Quién le habrá enseñado?
—Nadie, cariño —le respondió su marido—. Lo que ocurre es que esta mañana me he levantado antes, para limpiar los vidrios de esa ventana que estaban muy sucios.

Leyenda China

Hace tiempo una joven llamada Lili se casó y se fue a vivir con el marido y su suegra. Pasados algunos días, no se entendía con la señora. Sus personalidades eran muy diferentes y Lili se irritaba con los hábitos de ella y los criticaba. Los meses pasaron y Lili y su suegra cada vez discutían y peleaban más.
De acuerdo con una antigua tradición china, la nuera tiene que cuidar a la suegra y obedecerla en todo. Pero, incapaz de soportar el vivir con ella, Lili tomó la decisión de visitar al señor Huang, un amigo de su padre. Después de escucharla atentamente, él le entregó un paquete de hierbas y le dijo:
—Deberás darle estas hierbas a tu suegra con las cuales se irá envenenando. No deberás usarlas de una sola vez porque ello causaría sospechas. Pero cada dos o tres días pondrás un poco de estas hierbas en su comida. Sin embargo, para tener certeza de que cuando ella muera nadie sospechará de ti, deberás tener mucho cuidado y actuar de manera muy especial: sé amigable, no discutas y ayúdala a resolver sus problemas. Recuerda que tienes que seguir fielmente todas mis instrucciones.
—¿Envenenarla? Me parece muy drástico —respondió Lili— no hay otra opción —respondió el señor Huang.  —muy bien, haré todo lo que me pide.
Agradeció a Huang y volvió muy apurada para comenzar el proyecto de liquidar a su suegra.
Pasaron las semanas y, cada dos días, Lili le servía una comida especialmente tratada. Siempre recordaba lo que el señor Huang le había recomendado acerca de evitar sospechas, y así empezó a controlar su temperamento: obedecía a su suegra, se mostraba gentil y la trataba como si fuese su propia madre.
Seis meses después el ambiente de la casa estaba completamente cambiado. Lili había controlado sus emociones y casi nunca peleaban. En esos meses, no habían tenido ni una discusión y ahora Lili parecía mucho más amable y más fácil de tratar. Pero las actitudes de la suegra también cambiaron y ambas pasaron a tratarse como madre e hija. Un día Lili se apareció muy apurada en la casa del señor Huang, para pedirle ayuda:
—Querido señor Huang, por favor ayúdeme a evitar que el veneno mate a mi suegra. Ella se ha transformado en una mujer agradable y la amo como si fuese mi madre. No quiero que ella muera por causa del veneno que le di.
El señor Huang sonrió y movió la cabeza:
—Lili, no tienes por qué preocuparte. Tú suegra no ha cambiado, la que cambió fuiste tú. Las hierbas que te di en realidad eran para mejorar su salud. El veneno estaba en tu mente, en tu actitud, pero fue sustituido por el amor que empezaste a darle.

El Collar de Turquesas


Detrás del mostrador, un empleado miraba distraídamente hacia la calle mientras una pequeña niña se aproximaba al local. Ella se acercó a la vitrina y aplastó su naricita contra el vidrio para ver más de cerca los objetos que allí estaban exhibidos. De pronto sus ojos se abrieron y brillaron más cuando vio un objeto. De inmediato entró decididamente en el local y señaló con su dedo un hermoso collar azul que le había llamado la atención, mientras le decía al vendedor.

Quiero este, quiero que me lo envuelva con un papel regalo color azul. Es para una hermana mía. ¿Podría hacerme un lindo paquete?

El dueño del local, quien estaba a un lado observado la situación, miró a la niña con cierta desconfianza y con toda tranquilidad le preguntó:
—¿Con qué vas a pagar, pequeña?
Con dinero
Sin alterarse ni un instante, la niña sacó de su bolsillo un atadito lleno de nudos, los cuales delicadamente fue deshaciendo uno por uno. Cuando terminó de hacerlo, colocó orgullosamente el pañuelo sobre el mostrador y dijo:
—¿Esto alcanza, no? —En el pañuelo solamente había unas cuantas monedas…
Mirando al dueño con cierta ternura, en una mezcla de ilusión y tristeza le dijo:
—Señor, desde que nuestra madre murió, mi hermana me ha cuidado con mucho cariño y la pobre nunca tiene tiempo para ella. Hoy es su cumpleaños y quiero llevarle un regalo; estoy segura que ella se va a poner feliz con este collar, porque es justo del color de sus ojos…
El empleado miraba al dueño y a la niña sin saber qué hacer o decir, hasta que el propietario le sonrió a la niña,  y envolvió el collar en un espectacular papel azul plateado, con un perfecto moño hecho con una cinta azul.
Ante el estupor del empleado, el dueño colocó el hermoso paquete en una de las exclusivas bolsas de la joyería y se lo entregó a la pequeña diciéndole:
—Toma, llévalo con cuidado.
La niña se fue feliz saltando calle abajo. No había terminado el día cuando una encantadora joven de cabellos rubios y maravillosos ojos azules entró en el negocio. Colocó sobre el mostrador el paquete desenvuelto y preguntó al dependiente:
—Señor, ¿este collar fue comprado aquí? Vengo a devolver este collar que mi hermana se robó de aquí, le pido mil disculpas
El empleado cortésmente le pidió a la chica que esperara un momento mientras llamaba al dueño, quien apareció enseguida y con la más respetuosa sonrisa, le dijo:
—Sí, señora, este collar es una de las piezas especiales de nuestra colección exclusiva y, en efecto, fue comprado aquí esta mañana. No, no fue robado dirá usted
—¿Puede usted decirme cuánto costó?
—Lamento no poder brindarle esa información, señora. Es nuestra política que el precio de cualquier artículo es un asunto confidencial entre la tienda y el cliente.
—Pero, señor, mi hermana solo tenía algunas monedas que ha juntado haciendo muñecas de trapo con ropa vieja; mi sueldo es demasiado modesto y apenas nos alcanza para sobrevivir. Este hermoso collar no es de fantasía, ¡y ella no tendría dinero suficiente para pagarlo!
El hombre tomó el estuche, rehízo el paquete y con mucho cariño puso de nuevo la cinta y, mientras se lo devolvía a la joven, le dijo: el pago que su hermana hizo fue justo.
—Ella dio todo lo que tenía en la vida. Es decir, pagó el precio más alto que cualquier persona puede pagar.
Un magnífico silencio llenó el local y unas lágrimas rodaron por el rostro de la joven, mientras agarraba el paquete y salía del almacén abrazándolo fuerte contra su pecho.

El Conjuro de los Indios Xioux


Cuenta una antigua leyenda de dos indios Sioux que una vez fueron hasta la tienda del viejo brujo de la tribu. Toro Sentado, uno de los guerreros más jóvenes y valientes de la tribu, fue en compañía de Nube Azul, la hija del jefe de la tribu y una de las mujeres más hacendosas y hermosas de la tribu. Ella consideraba que ya estaba lista para casarse porque ya había aprendido a cocinar, a limpiar y era muy buena con los niños. 
—Nos amamos —dijo el joven.
—Estamos locamente enamorados y  nos vamos a casar. 
—Nos queremos tanto y no queremos que nada nos separe: te pedimos que nos des un hechizo, un conjuro, o un talismán; algo que nos garantice estar siempre juntos, algo que nos asegure permanecer uno al lado del otro hasta el final de nuestros días. ¿Hay algo que podamos o debamos hacer?
—Hay algo, contestó el viejo brujo, pero es una tarea muy difícil y muy pocas parejas lo consiguen hacer porque requiere mucho sacrificio. Necesito dos ingredientes para mi conjuro: Nube Azul, deberás ir hacia la montaña del trueno al norte de nuestra aldea. Deberás escalar sola hasta la cima de la montaña, ahí habita una de las águilas más feroces y hermosas del mundo y sin más armas que una soga y tus manos, la atraparás y traerás aquí con vida antes de la luna llena, ¿comprendiste?
—Y Toro Sentado, tu deberás ir a lo profundo del monte donde habitan los halcones ahí tienen sus nidos y solamente con tus manos y con una red deberás atrapar al halcón más grande y fuerte y traerlo ante mí, vivo y sin heridas el mismo día en que regrese Nube Azul. ¡Vayan ahora!
Los jóvenes se abrazaron con ternura, se despidieron y luego partieron a cumplir las misiones encomendadas, ella hacia el norte y él hacia el sur. Les costó mucho y vivieron muchas aventuras para poder atrapar las aves pero lo hicieron. El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con las bolsas que contenían las aves solicitadas.
El viejo sabio les pidió que, con mucho cuidado, las sacaran de las bolsas. Eran verdaderamente unos hermosos ejemplares.
—¿Y ahora, qué hacemos? —Preguntó el joven—. Les sacarás sus plumas y harás un collar de amuleto de amor para nosotros?
—No —dijo el viejo.
—¿Nos beberemos su sangre y haremos un ritual? —inquirió la muchacha.
—No —repitió el viejo. Harán lo que les digo: saquen las aves de las bolsas y busquen la cuerda más dura que encuentren amárrenlas entre sí, una por la pata izquierda y la otra por la pata derecha. Cuando lo hayan hecho, suéltenlas y dejen que ellas vuelen libres. El tiempo que las aves permanezcan unidas será el tiempo que ustedes permanecerán unidos.
El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía, fueron afuera y soltaron las aves. Tanto el águila como el halcón comenzaron a volar juntos pero pronto se enredaron en la cuerda y cayeron al suelo, cada vez que lo intentaban sucedía lo mismo. Después has aves comenzaron a pelear entre sí porque por culpa de la otra ave no podía volar así que trataban de deshacerse del otro a picotazos. El viejo dijo:
—Como este es el consejo que me piden, jamás olviden lo que han visto, a ustedes les pasará lo mismo que las aves: ustedes son como un águila y un halcón. Si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no solo serán incapaces de volar sino que vivirán arrastrándose y además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse el uno al otro. Si quieren que el amor les perdure —remató el anciano—, vuelen juntos, pero jamás vuelen amarrados.

La vieja del Pozo


Había una vez una anciana que pasaba días enteros en la entrada de su aldea, ahí había un pozo de agua donde todas las personas, forasteros y lugareños asistían para recoger agua.
Un día una joven que venía rumbo a la aldea se le acercó y le preguntó:
—Yo nunca había estado en este pueblo como este ¿Cómo son los hombres de esta aldea?
La anciana levantó los ojos, la miró de frente y le preguntó:
—¿Cómo eran los hombres del pueblo de dónde venías?
Uh, machistas, egoístas y peleadores. Por eso me siento contenta de haber salido de allá.
—Así son los hombres de este pueblo, respondió la vieja del pozo, de manera tajante.
Un poco más tarde, otra mujer se acercó a la anciana y le hizo la misma pregunta:
—¿Cómo son los hombres de este pueblo?
—¿Cómo eran los hombres del pueblo en que vivías? —preguntó la anciana.
—Pues todos son buenos, honestos, trabajadores. Tenía tantos amigos allí que me da pena separarme de ellos.
—Así son los hombres de aquí —dijo la vieja de manera inmediata.
La primera joven, que había permanecido cerca, escuchó la conversación, se acercó a la anciana y le dijo:
—Vieja mentirosa ¿Cómo puedes dar dos respuestas tan diferentes a cerca de la misma pregunta?
La anciana, con una sonrisa en sus labios, le contestó:
—Sino has vivido nada bueno en tu vida, tampoco lo vivirás aquí. En cambio, aquella persona que tiene amigos en su ciudad, aquí también encontrará amigos felices y leales. Porque las personas son lo que hallan en sí mismas: uno siempre encuentra lo que quiere encontrar.

Moraleja 

Esta historia nos sirve para aprender y enseñar sobre la actitud acerca de que cosechamos lo que sembramos, si yo veo el mundo de manera oscura es porque yo soy una persona oscura y si yo veo el mundo de forma alegre es porque yo soy una persona alegre.

las más vistas